Descarga mapas con curvas de nivel, verifica fuentes de agua y cruces críticos, y calibra el altímetro en el punto de partida. Lleva la ruta impresa protegida en una bolsa transparente y aprende a orientarte con rasgos del terreno, no solo con la pantalla. Revisa batería, modo avión y ahorro energético. Marca waypoints de retirada y refugios potenciales. Un doble sistema compensa fallos y sostiene la calma cuando una niebla súbita borra hitos que parecían inconfundibles.
Antes de salir, alinea expectativas: ritmo objetivo, horarios de giro, umbrales de síntomas, y criterios para cancelar. Identifica alternativas más bajas y zonas de sombra para pausas. Comparte el plan con alguien que no participa y acuerda una ventana de alerta si no hay noticias. En el terreno, revisa el estado del grupo en cada hito. Un plan claro reduce fricciones, corta discusiones por orgullo y convierte decisiones difíciles en procedimientos ya conversados y aceptados.
Incluye una baliza satelital o comunicador con SOS, batería externa, manta térmica, vendas elásticas, gasas, analgésicos, cinta americana, navaja y encendedor. Capas por sistema: base que transpira, media que aísla, externa que bloquea viento y agua. Calcetines de repuesto y guantes impermeables pequeños salvan jornadas largas. Ajusta pesos y redundancias según grupo y temporada. El mejor equipo es el que sabes usar con frío, viento y cansancio, cuando las manos tiemblan un poco.